018 MAL DE ALTURA

El dolor de cabeza es la primera y más constante manifestación del mal de altura. Son sus primeros compañeros náuseas y vómitos, junto con una evidente anorexia que impide probar cualquier bocado. Aturdimiento, mareo y agotamiento muscular, a los que se añaden somnolencia, desequilibrio, retención de líquidos, aumento de la frecuencia cardiaca y alteraciones del sueño como insomnio y apnea del sueño, completan el cuadro clínico en una fase que puede considerarse benigna. Cuando se desencadena el mal agudo de montaña, la cosa se complica con la aparición de trombosis, retención de líquidos, hemorragias en zonas capilares como los globos oculares, fallos cardiovasculares, alteraciones digestivas, y edemas. Muchas veces la línea que separa ambas fases es demasiado sutil. Según expone el profesor español Javier Botella en su detallado estudio sobre el mal de altura, recientemente publicado: “En la actualidad se piensa que el mal agudo de montaña en su forma simple y el edema cerebral de la altitud no son dos enfermedades distintas, sino dos niveles de gravedad de la misma enfermedad. Se supone que en todos los casos de mal agudo de montaña existe un cierto componente de edema cerebral leve”.

Los seres vivos están adaptados genéticamente a la altitud en la que han nacido. Es por ello por lo que los sherpas, los quechuas y alguna otra etnia viven sin problemas en alturas donde el resto de seres humanos tienen problemas orgánicos insuperables. La razón principal que explica este colapso fisiológico se encuentra en el imprescindible proceso de oxigenación de la sangre. Se efectúa ésta a través de los alveolos pulmonares, siendo los glóbulos rojos los encargados de transportar el oxígeno a las células de nuestro cuerpo. Para compensar ese aire más liviano que se inspira en altas cotas, el organismo pone en marcha varios dispositivos: aumenta la frecuencia respiratoria y el ritmo cardiaco, y produce mayor cantidad de una sustancia muy de moda en el deporte de élite: la eritropoyetina (EPO), hormona responsable del aumento de la cantidad de glóbulos rojos que viajan en el caudal sanguíneo. Inyectada en sangre, la EPO causa una importante mejora en la oxigenación celular, con lo que aumenta el rendimiento físico y el cansancio tarda más en aparecer, obteniendo con ello el atleta una ventaja artificial.Secretada de forma natural, la EPO logra aumentar el número de glóbulos rojos hasta el 20 por ciento; del hematocrito habitual, en torno al 40 por ciento, se pasa hasta el 65 por ciento. Con ello el organismo intenta compensar la menor presión de oxígeno que tiene el aire que se respira en altitud. A menor presión, más glóbulos rojos para llevar mayor cantidad de oxígeno. Este proceso tiene varias consecuencias negativas. La principal es que la sangre se espesa, con lo que su circulación por las zonas capilares es más dificultosa, existiendo un riesgo mayor de sufrir congelaciones o un infarto. Los alpinistas combaten esta densidad tomando aspirinas o algún otro vasodilatador y bebiendo la mayor cantidad de líquido posible.

El edema es la más grave consecuencia del mal de altura. Cerebral, pulmonar y subcutáneo su origen está en la típica retención de líquidos y sodio que ocasiona esta disfunción. La inmediata hinchazón de cara, manos y otras partes del cuerpo es el primer síntoma que denuncia su aparición. Para evitarlo, la ingesta de diuréticos está tan generalizada en el Himalaya como la de aspirinas, aunque muchas veces el remedio no es suficiente. El proceso que desemboca en el gravísimo edema cerebral se inicia cuando el enrarecimiento del aire obliga al corazón a un esfuerzo mayor para intentar satisfacer la fuerte demanda de oxígeno del cerebro. En condiciones normales este órgano consume más del 20 por ciento de las necesidades de oxígeno que tiene nuestro organismo.Cuando no son satisfechas, se desencadena una peligrosa reacción en el cuerpo calloso, una parte situada en la región central del cerebro. Sus capilares comienzan a dejar escapar líquido de la sangre, que se evacua a través del espacio existente entre las células cerebrales, con lo que se provoca una hinchazón de aquella parte. Los blandos tejidos cerebrales comienzan a aplastarse contra las paredes interiores de la rígida caja que los contiene: los huesos del cráneo. Esto es lo que provoca dolores de cabeza y justifica que suela doler más una parte que otra, según qué región esté más inundada o hinchada. De no descender a una altitud inferior, el proceso continúa y el cerebro sigue hinchándose, hasta quedar aplastado dentro de la calavera y, en una última fase, liberar su masa dilatada a través de los orificios de la base de la cavidad craneal. El resultado es la muerte inminente. Aunque cuando ésta ocurra, el afectado ya llevará un tiempo inconsciente.

Idéntico en sus consecuencias, el edema pulmonar se produce debido al mayor esfuerzo que se demanda a los pulmones para lograr una mayor oxigenación de la sangre. Pero el intercambio de oxígeno entre los alveolos pulmonares y los vasos sanguíneos tiene un límite. Su capacidad puede sobrepasarse por el mayor caudal de sangre que provoca el empobrecimiento del oxígeno. Entonces el flujo sanguíneo inunda algunas de estas áreas pulmonares, lo que produce lesiones en los alveolos, encharcándose de sangre los pulmones. Junto con dolores torácicos y debilidad manifiesta, se reduce la capacidad de intercambio de oxígeno, se escupe sangre y aumenta progresivamente la dificultad respiratoria. Finalmente se produce un colapso.


  1. Nombra todos los fenómenos orgánicos asociados al MAL DE ALTURA en la fase catalogada como benigna.
  2. Nombra los efectos orgánicos que se producen cuando se desarrolla el MAL DE ALTURA.
  3. Explica PORQUÉ y PARA QUÉ produce el cuerpo ERITROPOYETINA (EPO).
  4. Realiza una exposición detallada sobre el EDEMA CEREBRAL.
  5. Realiza una exposición detallada sobre el EDEMA PULMONAR.